Marcelo Ríos fue Nº1 del mundo, Fernando González y Nicolás Massú han sido campeones mundiales y olímpicos. Una década de hitos suficientes para popularizar el tenis, pero sigue siendo un deporte de élite. Mientras tanto, el sedentarismo avanza.
NOTA ESCRITA PARA EL NORTERO
"Mejor dediquémonos al tenis", decían medio en broma, casi en serio los comentaristas deportivos (ésos que el 90% del año hablan de fútbol) cuando en Atenas 2004 Fernando González y Nicolás Massú lograron medallas de oro y bronce en dobles y singles, ratificando el bi-campeonato mundial por equipos del 2003-2004 en Alemania. Vamos arando dijo la mosca en el lomo del buey. A 4 años de esos logros no me extrañaría que aquellos "encorbatados" se citen a sí mismos.
Si al "Bombardero" y al "Nico", le agregamos el Nº1 del Mundo que logró el "Chino" Ríos en 1998, contabilizamos una década de oro del tenis chileno que debiera tener a niños, jóvenes y adultos practicando este deporte en poblaciones y colegios, pero no.
Según la Encuesta Nacional de Hábitos de Actividad Física y Deporte (2007) encargada por Chiledeportes, el 87,2% de los chilenos de más de 18 años, no realizan actividades físicas. Más que un número, un flagelo. Así lo señalan las conclusiones de los participantes en la Cumbre de Nutrición y Salud 2008 en Valparaíso, pues esto trae consigo "enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) relacionadas con la alimentación inadecuada y la falta de actividad física sistemática, que constituyen la principal causa de muerte y discapacidad en Chile". ¡O sea!
¿Y a cambio qué? Una Jornada Escolar Completa que rellena con materias hasta las 5 de la tarde. ¿Por qué no dedicar las últimas horas al deporte? ¿Qué no hay infraestructura? ¿Los servicios municipales de educación postulan a los Fondeporte? ¿Y por qué no ir las playas? ¿Que no hay locomoción? ¿Y por que no ir a pie? ¿"Trekking urbano"? ¡De más!
Hace 20 años, cuando las estrellas del tenis eran Pedro Rebolledo y Felipe Rivera jugando Copa Davis, con mis amigos en una población de Arica nos tomábamos el pasaje para hacer una cancha de tenis. Marcábamos el suelo con tiza que íbamos a buscar al cerro y cruzábamos de casa a casa una red de pesca que conseguíamos en el muelle; todo, para jugar tenis con paletas de playa. Desde hace 10 años, quienes pueden pagar un club de tenis juegan en arcilla, mientras que el resto a lo más consigue raquetas, pero sigue o jugando en la calle o en multicanchas cuyas ásperas lozas no son adecuadas para el tenis (chigual po').
A lo que voy con todo esto, es que me da la impresión que estamos desperdiciando el estado de ánimo que nos contagian Ríos (aún, jugando seniors), Massú (con sus altos y bajos) y González (a punto de ganar otra medalla de oro) para ejecutar proyectos y masificar el tenis ahora (es que se ve poco futuro con Paul Capdeville). Porque, hay que decirlo, el tenis sigue siendo un deporte de élite. Las familias de Massú y González invirtieron en ellos cuando chicos, mandándolos a entrenar a EE.UU., por algo están donde están. El Estado no los subsidió. Por eso me parece hasta "barza" decir "ganamos" cuando lo hacen Massú o González. Pero bueno, ahí está González diciendo generosamente después de la semifinal en Beijing 2008: "Darle esta alegría a mi país me hace sentir bien".
¿Estamos desaprovechando el Tenis Chileno? ¿En qué quedamos entonces? Seamos concretos. Las Juntas de Vecinos a moverse por implementación de tenis para sus multicanchas (11.345 al 2005, en comparación a las 2.048 canchas de tenis en todo el país) y las Municipalidades a postular a Fondeporte y FNDR para infraestructura en los colegios (canchas). Ahora que Antofagasta es sede de la Copa Davis en Septiembre, démosle una vuelta.
Quizás no salga ningún o ninguna tenista profesional (o pocos), pero pucha que vamos a tener una población más sana. Porque según las cifras de sedentarismo, hace rato que ya somos Campeones del Control Remoto, del Mouse y del Play Station.











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